De qué manera nos puede ayudar el fracaso

¿Sientes que cada equivocación es un fracaso? ¿Crees que si al principio algo no sale como esperabas entonces ya no lo lograrás? En muchas ocasiones, tanto en el ámbito laboral y académico como en otras áreas de nuestra vida, las cosas no salen como queríamos. Es entonces cuando nos pueden saltar las alertas y surgir infinidad de dudas: ¿valgo para esto? ¿Estoy haciéndolo bien? ¿Otra vez igual?

Sin embargo, equivocarnos o afrontar situaciones lejos de lo que podríamos imaginar como “exitosas”, nos puede acercar más de lo que pensamos al desarrollo de nuestras habilidades.

Sí, has leído bien. Equivocarnos es el camino hacia el aprendizaje y además potencia otra serie de factores y habilidades. Por ello, en el presente artículo nos gustaría hablarte de cómo funcionan, en definitiva, el proceso de aprendizaje, la resiliencia y el desarrollo de potenciales habilidades para que puedas entender de primera mano el camino que estás recorriendo.

Desarrollar habilidades no siempre es fácil ni sencillo. Además, podríamos decir que es prácticamente imposible adquirirlas sin la presencia de fallos y errores. Piensa en cuando aprendiste a leer, por ejemplo; aquello que al principio podía costarte mucho y llevarte a equívocos , poco a poco se fue interiorizando y te está permitiendo entender este texto.

Potencia tus habilidades de la mano de un psicólogo

Cómo puede la resiliencia favorecer el proceso de aprendizaje

En el ámbito de la psicología, podríamos definir a la resiliencia como la capacidad para sobreponernos a situaciones difíciles de gestionar y salir, además, reforzados. Ésta puede hacerse patente ante infinidad de momentos y sucesos: el examen de una oposición, la pérdida de un ser querido, el aprendizaje de una herramienta para el trabajo o de un idioma, y así un largo etcétera. En la mayoría de ocasiones no podremos evitar los sucesos, metas, dificultades y oportunidades que nos cruzaremos a lo largo de nuestro presente y futuro; sin embargo, sí podremos elegir cómo actuar ante ellos, y aunque en muchos momentos sean desagradables, también nos permitirán conocernos en el error o el fracaso, y su gestión nos podrá ayudar a crecer. 

¿Quieres saber cuándo eres resiliente? Haz un chequeo de este listado de características:

  • Soy flexible conmigo mismo.  Ante situaciones adversas es importante dejar a un lado la autoexigencia y preguntarte qué necesitas.
  • Me adapto a nuevas situaciones. El mundo que nos rodea está en continuo cambio, y no es mejor no equivocarse, sino adaptarse a dichos cambios. Muchas veces esta adaptación conlleva probar y probar (y fallar) antes de encontrar el equilibrio.
  • Me escucho. A veces equivocarnos puede traer consigo muchas sensaciones y emociones como el enfado, la frustración, la ira o la tristeza. Presta atención a lo que te mueven dichos errores y pregúntate por qué y para qué; dirige esa emoción hacia una acción que dé frutos para ti. Por ejemplo, si te sientes triste ante un fallo, busca diluir esta emoción compartiéndola con alguien querido y déjate abrazar, para así volver a intentarlo con más fuerzas más adelante.
  • Suelto y me dejo ayudar. Saber cuándo necesitamos apoyo y ayuda es vital para gestionar momentos difíciles. Los cuidados mutuos nos hacen crecer y desarrollarnos.

¡Pide ayuda y potencia tu zona de desarrollo próximo (errores incluídos)!

La zona de desarrollo próximo es un concepto de Vygotski, reputado psicólogo en el s. XX, que nos hablaba acerca de cómo aprendemos las personas.

Llamó así a la diferencia entre lo que la persona que está aprendiendo sabe y el potencial que puede llegar a alcanzar con la ayuda de alguien más capaz. Es decir, estamos hablando de todo lo que podemos llegar a aprender cuando estamos siendo guiados y orientados; y sí, esto también incluye las veces que fallamos o nos equivocamos. Cada vez que fallamos estamos desarrollando aprendizajes que nos permitirán adaptar nuestras futuras respuestas a aquello que se nos está demandando. Para aprender es prácticamente imprescindible haber errado en el intento.

A continuación te mostramos dos técnicas diferentes para aprender nuevas habilidades, y que te harán más fácil convertir los errores en éxitos: el encadenamiento y las aproximaciones sucesivas.

“Encadenar” para avanzar

¿Recuerdas cómo aprendiste a lavarte los dientes? O si tienes hijos/as, ¿recuerdas cómo se lo enseñaste? ¿Qué crees que hizo que finalmente aprendieses?

Generalmente, cuando somos pequeños, se nos enseña a lavarnos los dientes paso a paso. Es decir, aunque podamos no ser conscientes de ello se está haciendo uso de lo que en psicología llamamos técnica del encadenamiento. Pero, ¿qué quiere decir esto?

El encadenamiento es una forma de adquirir y desarrollar nuevos aprendizajes de forma sencilla, y en la que, por cierto, ¡también es importante el fallo! Te contamos el por qué.

Cuando hablamos de encadenamiento, estamos haciendo referencia a desgranar y dividir aquello que queremos aprender en diferentes pasos. Por ello, y siguiendo el ejemplo, en lugar de aprender a “lavarnos los dientes”, primero nos será útil centrarnos en saber cómo coger el cepillo y poner la pasta de dientes. Una vez hayamos completado el primer paso u objetivo, y antes de pasar a pasos más complejos, es importante hacernos conscientes de ello y celebrarlo. A veces damos por hecho lo positivo y sólo reseñamos lo negativo (el fallo), pero auto-valorar nuestros logros también es importante cuando estamos aprendiendo y desarrollándonos. Debemos aprovechar esos momentos para recompensarnos por el esfuerzo, que es una forma de ser honestos con nosotros mismos y cuidarnos.

No importa si fallamos o erramos, se trata de ir afianzando cada pequeño paso de aprendizaje. Cuando consigamos el primero, podremos pasar al segundo y así sucesivamente. De este modo habremos hecho más sencilla la meta, ya que la habremos acotado en objetivos más cortos, concretos y asequibles. 

Pero, ¿en qué nos ayuda el fallo en el encadenamiento?

  • Nos ayuda a asentar el conocimiento de los pasos a dar.
  • Nos facilita reconocer cómo no hacerlo, lo que por tanto ayuda a saber cómo sí hacerlo.
  • Descubrimos nuevos aprendizajes, o el porqué las cosas se hacen de una manera y no de otra.
  • Conocemos que las cosas no siempre salen como queremos. Aceptar los errores también forma parte de la vida. No podemos (¡y menos mal!) tener todo bajo control.
  • Si hay un paso en el que consideramos que tenemos muchos fallos, esto nos puede estar indicando que debemos subdividirlo en más pasos u objetivos, y así hacérnoslo más fácil la próxima vez y garantizar un mejor aprendizaje.

El campo de las aproximaciones sucesivas

Cuando queremos aprender algo nuevo o desarrollarnos en un campo o área, puede llegar a ser muy frustrante si no tenemos ningún conocimiento previo o éste es muy escaso. Podemos llegar a sentir que tenemos un largo camino por recorrer, y en consecuencia desmotivarnos.

Además, puede que cuando estemos en este proceso no tengamos muy claro cómo proceder y qué pasos dar, lo que nos puede llevar a errar y no saber bien por qué hemos fallado. Para evitar esto, primero tenemos que definir cuál es ese objetivo de forma concreta. De nuevo, no es lo mismo “aprender inglés” que “aprender las preposiciones en inglés” y, sin embargo, lo segundo es necesario para lo primero.

Es aquí cuando entran en juego las llamadas aproximaciones sucesivas, y para aplicarlo debes seguir estos pasos:

  1. Concretar qué queremos conseguir (nuestra meta), y las razones por las que queremos lograrlo.
  2. Definir de qué punto partimos en la habilidad que queremos desarrollar. ¿Tenemos algún conocimiento ya? ¿O partimos de cero?
  3. Pensar en aquellas cosas que hacen nuestro aprendizaje más ameno y disfrutable, es decir, vamos a buscar nuestros refuerzos, aquellos detalles con los que podemos auto-premiarnos de algún modo.
  4. Ya tenemos los necesario para ir reforzando cada pequeña aproximación que hagamos hacia nuestra meta. Por ejemplo, si nuestro objetivo es aprender a hacer una entrevista en inglés, reforzaremos en cada ensayo cada pequeña mejora en la pronunciación y el uso de la terminología, aunque estos no sean perfectos.
  5. Cuando fracasamos en este camino sucede algo interesante, y es que también reconocemos en qué hemos fallado, lo que nos ayuda a dar forma a los siguientes intentos o aproximaciones futuras en relación a nuestro objetivo. 

Con esta técnica, podemos ir desarrollando nuevas habilidades a la par que aprendemos de nuestros errores, ya que cada fallo también nos aproxima sucesivamente a nuestra meta.

Acepta el fallo

Los errores, fracasos, fallos y equivocaciones van a acompañarnos a lo largo de todo nuestro ciclo vital. Somos humanos, y equivocarse también lo es. Enfadarnos con el fallo es castigarnos en cierta medida a nosotros mismos. 

Muchas veces, aunque temamos fallar y equivocarnos, evitar realizar aquello que nos proponemos, lejos de ayudarnos puede distanciarnos aún más de nuestras necesidades. Permítete fallar, solo así podrás seguir avanzando hacia aquello en lo que quieres desarrollarte.

Conclusión

Atravesar momentos en los que hayamos fracasado o fallado, aunque en cierta medida pueda ser desagradable, también nos acerca a desarrollar nuevas habilidades y aprendizajes. Es importante para ello aprender del error y también saber manejarlo. Quizás nos pueda ayudar el marcarnos objetivos más cortos y concretos; apoyarnos en otras personas que nos enseñen y hagan el camino más ameno; y reforzar nuestros progresos, para ser más conscientes de todo lo que hemos aprendido y el camino recorrido, con sus fallos y aciertos incluidos.

No olvides recompensarte y premiarte, y ser benevolente ante tus errores. Tú eres tu mejor aliado a la hora de aprender del fracaso.

En TherapyChat contamos con varios psicólogos que te pueden aconsejar, apoyar y ayudar a trabajar tus habilidades.

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