Cómo combatir la monotonía y devolver el color a tu vida

Hemos oído muchas veces, tanto de otros como seguramente de nosotros mismos, frases como:

Día a día tengo menos energía”, “A veces tengo la sensación de ir desapareciendo”, “Me digo cosas muy negativas”, ”A veces como sólo por el hecho de comer”, “No tengo apetito alguno”, “No tengo ganas de nada”, “Nada me interesa como antes”, “Me cuesta concentrarme y acordarme de las cosas”, “Sólo doy vueltas sin nada que hacer”… 

Y las hemos incorporado a nuestro lenguaje habitual, lo cual se complica cuando realmente esconden alguna alteración emocional que llega a bloquearnos y no dejarnos avanzar. 

¿Qué sucede?

Este desánimo generalizado que sufrimos, y más hoy en día, no es algo aislado.

Desde 2011 el número de casos de depresión en España ha ido incrementando hasta 6 veces más, pasando de unos 400.000 en el 2011 a unos 2,5 millones aproximadamente en la actualidad. Entre estos números, encontramos casi el doble de mujeres que de hombres, y sobre todo personas en el rango de 55 a 64 años.

De hecho, Europa es el continente del mundo más afectado, y España uno de los países donde se concentran mayor número de diagnósticos de depresión.

Pero seguramente esta cifra incluso sea superior, dado que la crisis del Covid-19 nos ha instalado en una mayor monotonía, ha eliminado de nuestras vidas muchas de las cosas que aportan color, y aún seguimos arrastrando las consecuencias de los confinamientos que hemos pasado en diversos grados. Todo esto suma y, teniendo en cuenta que lo habitual es que las personas tardemos un tiempo en pedir ayuda psicológica o, incluso, no lo hagamos nunca, es de esperar que el número de diagnósticos registrados siga engrosando.

Devuelve el color a tu vida de la mano de un psicólogo

Pero, ¿qué pasa si la rutina ha convertido nuestra vida en una película en blanco y negro? 

Primero de todo hay que entender la tríada pensamiento-emoción-conducta, como elementos separados, pero infinitamente ligados:

  • ¿Qué pensamos? (mi pensamiento)
  • ¿Cómo nos sentimos? (mi emoción)
  • ¿Qué hacemos? (mi conducta)

¿Cómo funcionan estos tres elementos entre sí? Lo que sucede a nuestro alrededor nos provoca un pensamiento, un juicio o una impresión que son totalmente subjetivos. A veces son racionales y muy adaptativos. Pero en otras ocasiones, como en el caso del bajo estado de ánimo, estos  pensamientos son irracionales y nos generan una serie de exigencias que nos provocan una emoción intensa e incómoda, y nos llevan a actuar de una forma poco adecuada para nosotros y para salir del bache.

Por ejemplo, ante una situación concreta podrían aparecer pensamientos de este tipo:

No sé qué me pasa con esto, yo debería ser capaz de poderlo hacer, no me reconozco y creo que nunca más podré hacerlo como antes”

“Mi vida ya no es lo que era, debería poder cambiarlo o hacer algo porque si no no podré volver a ser feliz…”

Y ante autoafirmaciones como estas, en lugar de ponernos las pilas, pasamos a la inacción, a la apatía y al desánimo vinculados a la sensación de fracaso o pérdida. Lo cual, sostenido en el tiempo, no nos ayuda precisamente a remontar, sino que refuerza nuestro ánimo abatido.

Antes de avanzar, cabe destacar la importante diferencia entre una tristeza sana, que todos podemos sentir en diferentes momentos de nuestra vida, y un pesar más depresivo. La diferencia entre los dos será las conductas que realicemos:

  • La tristeza nos dejará actuar funcionalmente, con cierta normalidad; aunque no estaremos en nuestro mejor momento, podremos llevar una vida psicológicamente sana.
  • La depresión lleva asociadas conductas de apatía, abandono, dejadez, falta de energía y, algunas veces, conductas autodestructivas. Afectará de forma negativa uno o varios aspectos de nuestra vida. 

Por qué a mi vida le falta color

Mucha gente ha superado estos tiempos sin mucha dificultad y otra está en un bucle sin fin de desánimo y depresión. ¿Qué diferencia a unos y a otros?

Hay factores inherentes a cada persona, y que nos diferencian los unos de los otros. Echando mano de la tríada de la que acabamos de hablar, podemos ver que hay quien tiene más tendencia a ver las situaciones difíciles como fracasos o pérdidas irremediables, y esto les puede conducir a sentir desesperanza. Estos serían los factores que encontramos:

Nuestros esquemas personales sobre la vida

Estos nos llevan a entender e interpretar la realidad bajo un punto de vista único y personal. Así, cuando lo que pasa a nuestro alrededor nos hace dudar de nuestros recursos para afrontar la situación, esta forma de interpretar la realidad nos puede llevar a una culpa desmedida, una ansiedad reiterada y otras emociones no funcionales que pueden guiarnos, finalmente, a la depresión.

El hecho de vernos cada día haciendo lo mismo, tener trabajos donde una parte de nosotros no se encuentra realizada o, simple y llanamente, pensar que nunca habrá nada distinto en nuestra vida, puede llevarnos a sentirnos atascados en un túnel sin salida donde, en lugar de ir hacia la luz, vamos cada vez más adentro, motivados por esa serie de pensamientos negativos.

Qué te dices y cómo lo dices

Esto es lo verdaderamente importante para entender por qué a tu vida le falta color y por qué te sientes deprimido en determinados momentos de tu vida. Normalmente el origen no está en la propia situación, ya que ante un mismo problema, cada persona actúa y piensa de una manera muy distinta, pudiendo incluso visualizarse algo como un reto positivo o bien como un fracaso.

Nuestro bagaje personal, nuestra historia de vida y sobre todo nuestras expectativas vitales

Todo esto condiciona cómo apreciamos las diferentes situaciones de la vida. Además, solemos tener expectativas muy idealizadas difícilmente cumplibles. En suma, tenemos un montón de situaciones potenciales donde la vida no nos habrá dado aquello que tanto creíamos que debíamos obtener, y de ahí surge la idea de desesperanza que nos lleva a la monotonía y depresión.

Qué podemos hacer si estamos en un estado de desánimo

Si te preguntas cómo puedes cambiar el rumbo de esa monotonía que te lleva en piloto automático, vamos a ver cómo podemos ayudarte a establecer una rutina más sana, priorizando que vuelvas a sentirte activo y que empieces a dar un nuevo significado a las cosas:

  • Reconoce y filtra situaciones positivas: cuando tenemos un bajo estado de ánimo tendemos a fijarnos más en lo negativo que nos rodea. Así que una forma de  salir de la dinámica es hacer un esfuerzo consciente por “pillar” lo positivo.
  • Atiende a todo aquello que sí consigues y dale importancia: te puede ayudar el generar una lista de 10 cualidades tuyas, y encontrar situaciones vitales donde las hayas implementado.
  • Pon en tela de juicio todas las valoraciones y opiniones negativas que tengas: por cada pensamiento negativo que tengas acerca de ti o de una situación, trata de discutir contigo mismo para encontrar una nueva forma de ver la situación de una manera más realista.
  • Diferencia entre exigencia y preferencia: las exigencias nos obligan a llegar donde quizás no podemos. En cambio, las preferencias nos liberan si no lo conseguimos. 
  • Distingue entre lo importante, lo urgente y lo banal: esto te descargará de la necesidad de abarcarlo todo, de buscar una imposible perfección en ti mismo y de acabar extenuado.
  • Haz un balance emocional del día a día: así podrás ver las emociones que has sentido y su intensidad, y eso te aporta una visión más objetiva, podrás darte cuenta que también hay lugar para lo positivo.
  • Toma decisiones basándote en la lógica y un enfoque práctico: quítate los “es que…” (es que no puedo, es que no sé hacerlo…) y los “¿y sí?” (¿y si sale mal?). En cambio, lánzate mensajes enérgicos realistas que te den fuerza a la hora de tomar decisiones. Por ejemplo: “me gustaría poder conseguirlo (sin exigencia)”. 
  • Usa la imaginación y el humor para verte en un futuro más amigable: visualízate en ambientes donde te gustaría estar, sin ver, eso sí, la situación actual como una pérdida o fracaso. Otra opción es que te imagines haciendo cosas mientras te dices: “será difícil pero no imposible, complicado, pero no horrible”. 
  • Pasa a la acción: planea cosas, llévalas a cabo y entiende que puede haber cambios de planes sin ser terrible ni catastrófico. Es bueno no ponernos una obligación de cantidad de cosas a hacer, por pocas que hagamos serán más que las que hacíamos, ¡y eso es un éxito! 

Además, si lo necesitas, no dudes en acudir a terapia, ya que tu psicólogo podrá ayudarte a ir a la raíz de la cuestión y te guiará para:

  • Saber de dónde vienes, qué te ha pasado en la vida y cómo lo has gestionado: tu mochila personal.
  • Tener tiempo para mirar dentro de nosotros, y ver cómo empezó el problema y en qué puntos seguimos fallando, nos pone en el camino para mejorar a largo plazo.
  • Trabajar la relación contigo mismo para conocer tus fragilidades y aceptarlas sin autocondenarte, y tus puntos fuertes para potenciarlos.
  • Reconocer los síntomas y trabajarlos.

En general, la monotonía, el poco tiempo que destinamos a nuestras vidas personales y  la poca actividad que tenemos en la sociedad a día de hoy de media, dan lugar a un conjunto de hábitos psicológicos poco sanos que nos llenan la mente de “debo”, “necesito”, y “nunca lo haré o no podrá ser”.

Además de hacernos ver la realidad como no soportable, horrible y tacharnos de poco capaces; todo se vuelve gris, monótono e injusto. Para darnos cuenta hemos de pasar a sentirnos responsables de nuestros pensamientos y a realizar un cambio en nuestro punto de mira, tornando esos “debería” y “necesito”, por “preferiría” o “me gustaría”. De este modo, adquirimos un hábito de pensamiento, una emoción y una forma de actuar mucho más sana y funcional.

En TherapyChat contamos con varios psicólogos que te pueden aconsejar, apoyar y ayudar a gestionar la monotonía y devolverle color a tu vida.

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